La
Medicina Medieval
CRISTIANISMO
Fueron
los monjes los que conservaron el saber clásico durante
la época alto medieval. Aparecieron las escuelas monacales,
de donde surgirían más tarde las escuelas catedralicias,
elemento esencial en la formación de las futuras universidades.
Tienen especial importancia en este mantenimiento del saber
los copistas de libros. Al principio Bizancio es el foco de
conocimiento un foco quizás un poco débil en
relación al pasado griego y de Asia menor (mundo helénico).
Luego ese foco pasa a las zonas de Francia, Italia...
La
historia de la medicina durante la Edad Media de la Europa
Mediterránea se desarrolló alrededor de la transmisión
e interpretación de la obra de Galeno. La plena incorporación
de la medicina clásica griega y de su desarrollo por
parte de los árabes no fue posible en Europa hasta
que se realizo una traducción sistemática del
árabe al latín de las más importantes
obras médicas griegas e islámicas. Esta tarea
tuvo su centro fundamental en el Toledo del siglo XII.
Del
siglo V al X, la Alta Edad Media, la medicina está
centrada en los monasterios, del XI al XIII se vive la influencia
árabe, de mediados del siglo XIII a mediados del XIV
el auge de la ciencia medieval. La Escuela de Salerno dominó
las corrientes culturales a partir del XI. Prosiguió
durante el Bajo Medievo la incorporación de los textos
médicos árabes y la medicina dejó de
estar en manos de los monjes. La Edad Media concluyó
con un período pre-renacentista que tiene su florecimiento
en el XIV.
En la Alta Edad Media era muy aceptado que la medicina se
componía de Diaetética, pharmaceutica y chirurgica.
La dietética se destina a las personas sanas para regular
su vida y se tienen en cuenta las seis cosas no naturales
de Galeno.
La obra de Dioscórides solo entra en la Europa medieval
a través de las traducciones de los escritos árabes.
Anterior a ello existía el herbario con mucha variedad
de obras. El tratamiento de las enfermedades, tanto en el
mundo antiguo, como en el medieval es basado en el herbario
o libros con descripciones de plantas medicinales; y el primer
herbario griego fue el de Diocles de Karisto. Luego apareció
la obra de Dioscórides que fue el que más influenció,
y fueron innumerables las traduciones, los comentarios y las
ampliaciones a sus escritos. Las plantas medicinales se recogían
ciertos días señalados y la recolección
se acompañaba de oraciones especiales, lo cual relacionaba
esta actividad con la magia; las ideas astrológicas
se encontraban muy generalizadas.
La
práctica de la medicina durante el alto medievo estaba
preferentemente en manos de los monjes. Los principales centros
de enseñanza y práctica médica estaban
localizados en los monasterios, en donde se conservaban excelentes
bibliotecas."Viandas delicadas y limpias" debían
recibir los pacientes del hospital que fundó en Mérida
el obispo Masona, según el texto de sus constituciones.
San Isidoro de Sevilla (556-636) escribe un tratado de dietética.
En De Natura Rerum describe la peste y cuatrocientos cuarenta
y tres remedios higiénicos. Para San Isidoro la salud
es una integridad armónica y un equilibrio natural
del cuerpo. La patología estudia la pérdida
de equilibrio, y la armonía puede recuperarse mediante
el arte de la moderación, esto es, la medicina.
El
interés religioso por la medicina y la influencia de
los escritos monacales se reflejan en Benedictus Crispus (c.
650-725), elegido arzobispo de Milan en 681 y autor de los
Commentarium medicínale, escrito en 241 hexámetros
que describen el tratamiento de 26 enfermedades mediante el
uso de hierbas medicinales.
El
cristianismo tiene una buena relación desde sus inicios
con los cuidados de los enfermos. inicial con la Medicina.
Cristo se llama a si mismo médico y efectúa
diversas curaciones milagrosas <<Estuve desnudo y me
vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel
y fuisteis a verme... cada vez que lo hicisteis con uno de
mis hermanos más humildes, conmigo lo hicisteis>>
(Mateo XXV, 35-40). La enfermedad en la visión monacal
puede ser vista como una gracia cuando se la acepta con paciencia,
en el nombre de Jesucristo. En contra de lo que se le reprocha,
la medicina monacal no se mantuvo ajena a la vida ni su cuerpo
era el enemigo.
La
caridad cristiana da origen al hospital, quizás el
progreso más importante de esta época, e institución
que se extiende por todo la Europa occidental, anexa a los
monasterios y la atención hospitalaria especializada
es llevada a cargo por los monjes. El hospital cristiano no
fue una institución asistencial para toda la población,
conforme a su idea original, sino un centro para acoger desvalidos.
En
su Vivarium, Casiodoro (490-573) dispone “que se constituyan
baños que sean idóneos para el aseo del cuerpo
y en los que el agua fresca de los manantiales entre y salga
con facilidad”. Y hace construir baños en los
monasterios.
Ni
el médico, ni el enfermo deben de depositar sus esperanzas
en los remedios curativos, sino en Dios, que ha dado a todos
salud y su remedio.
Para Beda el Venerable (ca.675 -735).La creación es
la historia de la luz que se expande en la naturaleza, que
culmina en el sol, como “cabeza” del cosmos. El
hombre por su parte es el sol del microcosmos, al constituir
la suprema joya de todos los seres vivientes. La persona sana
brilla en el “Lumen Corporis” y la enfermedad
solo es el resplandor empañado. Es el precursor de
la escolástica de la edad media.
Para Bamberg (ca. 800) La enfermedad puede ser beneficiosa
para el hombre, cuando abre sus endurecidos sentidos, y la
salud peligrosa que invariable le incita a cometer nuevas
y continuas rebeldías. Recomienda cuidar el cuerpo,
mientras la última decisión sobre la salud y
la enfermedad corresponde a Dios.
La
Escuela de Chartres es un centro importante entre los siglos
X y XII. Fulberto de Chartres escribe a su discípulo
Hildegario: “ Mantén limpia tu imaginación
porque la limpieza del pensamiento permite ahuyentar aquellos
trastornos de ánimo producidos por indisposición
corporal”
En
la segunda mitad del siglo XII aumenta la influencia de la
escuela de París, siendo esta ciudad el “centro
del mundo”.
Son importantes en el siglo XII las escuelas de Montpellier
y la de Salerno.
Luego surge la escuela de Toledo, siglos XII y XIII que da
acceso a las obras Greco-arabes por sus traducciones y en
siglo XIV surgen las universidades.
Aparecen
tratados de Dietética dedicados a reyes y grandes señores,
como los escritos por los árabes; tal es el caso del
Régimen sanitatis de Arnau de Vilanova o los regimina
escritos para príncipes y nobles desde el siglo XIII.
Arnau
de Vilanova (valenciano-catalán, nacido entre el 1234
y 1250, y muerto en 1311), según Laín Entralgo,
la más interesante figura de la medicina medieval,
además de maestro en Montpellier escribe sobre higiene
y dietética. Según Hanna Kamieniecki para él
la medicina no es solamente una ciencia sino arte y el arte
de curar viene de la naturaleza, es por ello que la medicina
debe tomar la naturaleza como punto de partida con un espíritu
abierto y poner al servicio de su enfermo todo su poder de
razonamiento y todo su buen sentido.
“Débese
asimismo medir el comer, de tal suerte que con la demasía
no quede el estómago cargado, porque, así como
daña el comer antes de tiempo arriba dicho, daña
también comiendo demasiado. Y así, para evitar
esto, conviene que dos cosas se hagan. La una, mascar bien
lo que se come, porque de no hacerlo se le sigue detrimento
grande a naturaleza, por no dársele lo de la primera
disposición y principio se le debe; porque para eso
ha dado ella los dientes, para que perfectamente se desmenuce
lo que se come antes que pase al lugar de la digestión.
Y así, si lo que se come no es líquido, o con
algún artificio desmenuzado, mucho defraude a la naturaleza
y de su cuerpo, el que con dientes no desmenuza bien lo que
come... La otra, que por temor de no comer demasiado, se debe
también evitar la variedad de los manjares en la mesa,
en particular si fueren exquisitos y delicados. Porque antes
se satisface y contenta el apetito con una cosa de comer que
con diversas, porque los gustillos de los sabores incitan
a comer más de lo que el estómago puede elegir...”
Guy
de Chauliac (1300-1370) da unas buenas recomendaciones para
el médico:
“Es
menester en cualquiera médico, primero haber ciencia,
después uso y experiencia... Tercio que sea ingenioso
y de buen juicio y memoria... Cuarto, que sea virtuoso, sea
osado en las cosas seguras, temeroso en las peligrosas, huya
de las malas curas, sea gracioso a los enfermos, a los compañeros
amigable, cauto en el pronosticar; sea casto, templado, piadoso,
misericordioso, no codicioso, no atesorador de dinero, (sino
que) según su trabajo y según la facultad del
enfermo y la calidad de la dolencia, tome sus salarios moderadamente.”
Simeón
Seth, enciclopedista y traductor del árabe el griego,
escribió el Syntagma sobre las propiedades de los alimentos,
además de recoger también conocimientos de la
terapéutica griega y la materia médica persa
e hindú.
En
el siglo XII aparece una literatura sanitaria menor, los <<calendarios
médicos>> en donde se ofrecen consejos para cada
día.
Es muy importante en el cristianismo el consuelo hacia el
enfermo, un consuelo en cierto modo “técnico”,
como dice Laín Entralgo, una suerte de psicoterapia
cristiana, en la que es importante la curación de las
almas. Además la enfermedad y el dolor es con frecuencia
una manera de conseguir méritos para la vida más
allá.
Las
grandes pandemias medievales fueron la sífilis, la
lepra y la peste. La mayor pandemia de la historia fue la
peste o muerte negra, aparecida en Europa en 1347.
BIZANCIO
Bizancio
recoge conocimientos del Egipto helenizado y sus ceremonias
se recogen en una bibliografía profusa atribuida a
Hermes Trimegisto, el Corpus Hermeticum. La tradición
hermética, cuyas ceremonias sanadoras se relacionan
con la magia, la astrología y la alquimia pasa de Egipto
a a Bizancio y de ahí a la Europa.
Se
cristianizaron algunas prácticas paganas y la principal
de ellas es la <<incubatio>> o sueño en
el templo, también la práctica de los exvotos
que incluso aún perdura de alguna manera, igualmente
la astrología y el uso de ensalmos y amuletos. Estas
prácticas perduran a lo largo de la Edad Media e incluso
más adelante.
En Bizancio hay un seguir la tradición griega en decadencia
ya, unida a los pensamientos cristianos. Se continúa
el Galenismo y las fórmulas mágicas.
Alejandro de Tralles (525-605 d. C.) considera la fuerza curativa
de la naturaleza. La dieta y los baños son parte importante
de sus tratamientos.
Miguel
Psellos (siglo XI), monje; escribió una relación
alfabética sobre las virtudes de los alimentos y un
escrito sobre el baño.
Cecaumeno, según Laín Entralgo, que no era médico,
recomendaba en la enfermedad: ayunar, guardar cama y no enfriarse.
Recomendaba también el ejercicio para prevenir la enfermedad.
LA
MEDICINA HEBREA MEDIEVAL
La época de la medicina hebrea medieval, también
llamada talmúdica, comprende desde el siglo II a. C
hasta el VI d. C.
La alimentación y la higiene tienen especial importancia
en la Biblia. El Talmud contiene aclaraciones y ampliaciones
de la Biblia, y en este tratado hay influencias de la medicina
griega, babilónica y persa. Entran también temas
como el mal de ojo, los amuletos y los ángeles. Muchos
maestros del Talmud eran médicos. Semuel Aba Hakohén
(165-257 d. C) escribe: “El lavado matutino de manos
y pies es más eficaz que todos los colirios del mundo”
y “el cambio de una costumbre es el comienzo de una
enfermedad”.
Los esenios, grupo étnico-espiritual de aquella época,
se preocupaban tanto de los temas de orden espiritual o religioso
como de los temas médicos y de las curaciones. Según
Josefo, se llamaban esenios por que provenía de la
palabra asia, que venía a ser lo mismo que médico
(auxiliador) o terapeuta. Josefo elogia su humanidad y su
ética, y dice que solían coger hierbas y raíces
para curar con ellas a los enfermos. Estaban convencidos de
que la fe podía curar incluso a los incurables.
Los médicos hebreos consideraban al corazón
como sede del alma, lo que concuerda con las enseñanzas
aristotélicas. La sangre era para ellos el principio
vital.
Los maestros del Talmud sabían que el miedo produce
palpitaciones cardíacas y alteraciones del pulso (Sanhedrín
100 b) y que el contagio directo de las enfermedades ocurría
a través de alimentos en mal estado, dulces, secreciones,
bebidas, vestidos, el agua sucia y del aire (Ketubot 20 a;
Berajot 25 a, etc...)
Los métodos de tratamiento eran la dieta, compresas
calientes y frías, sudoración, curas de reposo,
baños, cambios de clima, hidroterapia, psicoterapia,
masajes y gimnasia. (Sabat 40 a, Guitín 70 b). Se usan
hierbas para tratar el estreñimiento.
Su principal importancia está en la prevención
mediante medidas higiénicas, siempre en relación
con lo religioso. Las medidas de higiene abarca también
a la construcción de ciudades y la convivencia social.
Los mejores remedios el aire y la luz del sol (Ketubot 110
b)
Conocían la “desinfección” de instrumentos
con fumigación, lavado e ignición.
Süsssmann Muntner piensa que es asombroso que la medicina
talmúdica no ejerciera más influencia sobre
la medicina de la Edad Media. Durante la Edad Media, Galeno
era el centro de toda medicina. A partir del siglo VI, con
la salida de los judíos de su tierra, sólo hay
médicos judíos aislados durante la Edad Media.
Maimónides fue el más conocido de los médicos
judíos en el mundo islámico.
Posteriormente en la Escuela de Salerno y en la de Montpellier
hubo médicos judíos. Entre el siglo XVI y el
XVIII los judíos tuvieron prohibido casi por completo
su acceso a las universidades.
GERMÁNICOS
Y BRITÁNICOS
Los
pueblos germánicos indica Jungbauer, practicaron durante
el período medieval una medicina primitiva de carácter
teúrgico. Era habitual el uso de ensalmos y ofrendas.
Un aspecto interesante y aún válido de la medicina
germánica fue el empleo de aguas medicinales en diversos
lugares de la Europa central, algunos de cuyos manantiales
como Wiesbaden y Baden-Baden, mantienen su reputación
medicinal.
Entre
los británicos el ejercicio de la medicina estuvo entonces
encomendado a los druidas. Según Francisco Guerra,
la terapéutica dependía en gran medida del empleo
de plantas mágicas, considerando el muérdago
como panacea.
LA
MEDICINA ÁRABE
El mundo árabe o islámico, que surge paralelamente
a Bizancio, fue el escenario fundamental de la medicina y
de la ciencia durante buena parte de la Edad Media. En la
primera etapa, que comprende aproximadamente los siglos VIII
y IX, incorporó el saber médico de origen griego,
especialmente de Galeno, Aristóteles y Dioscórides,
combinándolo con algunos elementos de la medicina clásica
de la India. Ello significó un extraordinario esfuerzo
de traducción al árabe de obras médicas
que estaban escritas principalmente en griego. De esta manera
se consolidó el dominio del sistema de Galeno en la
medicina islámica y, más tarde, en la europea
que dependió durante varios siglos de las obras en
árabe.
La
medicina árabe estaba íntimamente unida a la
religión y a los usos y costumbres de la sociedad y
la cultura.
Maimónides
vio en la dietética y en la terapeútica dos
vías para establecer y perfeccionar la función
del hombre en la dinámica físico-sacral del
universo. La medicina, como el resto de las ciencias estaba
en manos de “Allah”. “Si encuentras el medio
adecuado, toda enfermedad será sanada con el permiso
de Allah”, dice el Hadis (tradición del profeta).
Islam significa entrega, darse a Dios.
La
alquimia tuvo un gran desarrollo en el mundo islámico,
con influencias en la farmacología y en la farmacia.
Igualmente tuvo gran influencia la astrología. Según
J. Puerto, Mahoma sólo aceptó dos ciencias:
la Teología, dirigida a la salvación de las
almas y la Medicina, dirigida a la de los cuerpos.
Al
comienzo de la era islámica, los seguidores del profeta
adoptaron una medicina a la que fueron incorporando normas
de vida, dietas y reglas de higiene que llegaron a formar
parte del camino recto de la salvación: Actos como
la práctica de la limpieza de los dientes, se convirtieron
en prácticas rituales. Mahoma incluyó algunas
de estas normas en el Corán que luego se agruparon
en el Tibb-Al-Nabi, Medicina del profeta, donde volvió
a integrarse la salud espiritual con la corporal que había
separado la medicina hipocrática. En el Islam surgió
el hakim, médico filósofo, que en el camino
de la medicina busca la sabiduría, guiado siempre por
elevadas normas éticas. Une siempre la ciencia con
los ideales éticos.
La
patología estuvo basada en la misma doctrina humoral
y explica la enfermedad como un desequilibrio en la armonía
natural de los hombres. Como factores etiológicos se
aceptaban las alteraciones en las seis cosas no naturales
de Galeno. Otro factor etiológico no natural fue el
alimento y la bebida, pues por mandamiento religioso estaban
excluidas las bebidas alcohólicas, ocupando la dieta
una posición decisiva tanto como causa de enfermedad
y como factor terapéutico.
Hay
noticias de las academias de El Cairo y otras ciudades donde
se enseñaba la medicina según planes de estudio
adecuados, con facilidades clínicas en hospitales bien
dotados, cocinas orientadas a la preparación de dietas
apropiadas, baños, farmacias, jardines botánicos
y ricas bibliotecas. Se utilizan algunas formas de terapia,
como los baños, los masajes, especialmente en los baños
o “hamman”, la música y la ocupación.
Igualmente se tiene en cuenta una decoración llena
de sensualidad.
La terapéutica en el mundo árabe, consta de
las tres ramas galénicas tradicionales; la dietética,
entendida como regulación total del género de
vida; la farmacología y una cirugía muy poco
desarrollada. La dietética va dirigida a evitar la
enfermedad mediante reglas muy sencillas para los pacientes.
Tratan de regular las seis cosas no naturales del galenismo:
aire y ambiente; comida y bebida; sueño y vigilia;
trabajo y descanso; ingesta y excreta y movimientos del ánimo.
Son también importantes: la luz, el aire, el agua,
la situación geográfica y las condiciones climatológicas,
así como mantener el ritmo del trabajo y el descanso,
del sueño y la vigilia, la higiene, la higiene sexual
y los “afectos del alma”.
La
dietética era la base del tratamiento, e incluso todo
el tratamiento, si la enfermedad no pedía recursos
más enérgicos. Según Schipperges, "Las
posibilidades de la intervención médica se ordenaban
de manera estrictamente jerárquica...Ni la cirugía,
ni la farmacología estaban autorizadas antes de ensayar
todas las posibilidades de la medicina dietética ".
La
medicina islámica poseía ya por sus raíces
religiosas un profundo sentido de compasión fraternal
por el enfermo, que adquirió carácter profesional
formal en sus primeros escritos médicos al recoger
la tradición hipocrática. Se encuentran elevadas
normas éticas en todos los escritores médicos
árabes. El camino recto y la pura intención
son imprescindibles para el buen médico.
También
son importantes los hospitales. En la enfermedad mental, además
del tratamiento dietético, en el hospital se lleva
a cabo terapia con música, danza, teatro, baños
y trabajo. Igualmente hay una terapia por sugestión;
según Laín Entralgo, el médico árabe
supo dar valor a la psicoterapia. Hanna Kamieniecki escribe
que en la introducción del "Tratado del Asma"
Maimónides dice : "es igualmente claro para los
médicos que no se puede llegar a realizar la terapia
de las enfermedades de manera directa, es preciso esforzarse
antes de nada en conocer bien el temperamento del enfermo".
La curación es para él sinónimo de vuelta
a un equilibrio anterior momentáneamente perturbado.
Para conseguirlo conviene utilizar no solamente capacidades
del cuerpo sino también las facultades del espíritu.
Trata el dolor corporal al mismo tiempo que el sufrimiento
espiritual.
Rhazes
(865-932), al igual que los autores clásicos se interesó
por la prevención de las enfermedades y el uso de las
dietas en su tratamiento, el provecho y el daño de
los baños, se ha destacado su comprensión del
tratamiento moral en las enfermedades mentales. Defiende la
alquimia. La prevención es más importante que
la terapia, y la dietética es más importante
que la intervención audaz. La atención psíquica
del enfermo es condición impresecindible de todo tratamiento.
Abulcasis
se preocupó de problemas psicológicos, como
la educación de los niños. Sus contribuciones
a la ética y a la práctica clínica fueron
así mismo importantes.
Husain
- Ioannitius divide la medicina en Higiene y Terapeútica,
y la terapeútica abarcaba la dietética, la materia
médica (farmacoterapia) y la cirugía, en definitiva
el clásico esquema ternario de Celso. El primer paso
del tratamiento era la dietética y en tanto prevenía
la enfermedad, la dietética se configuraba como higiene
y se hacía según las particularidades biológica
de la persona (niño, viejo, biliar, flemático,
etc.), la actividad o profesión de éste y la
estación del año.
Avicena
(980-1037) llama “factores necesarios” a las seis
cosas no naturales. Escribio el renombrado Canon, muy utilizado
durante los siglos siguientes. La salud par él no viene
del médico “La salud la proporciona un principio
muy superior al médico, el principio que proporciona
exclusivamente a la materia su forma esencial. Su esencia
es más notable que la materia” Tanto Rhaces como
Avicena se ocuparon de la higiene sexual en sus textos y también
se reglamento la utilización del baño.
Ibn
Wafid (1008-1075), nació en Toledo donde estudió
medicina y se familiarizó con los textos de Aristóteles,
Dioscórides y Galeno. Se muestra partidario de no usar
los medicamentos compuestos, sólo los simples y aun
estos evitarlos si los enfermos se pueden curar sólo
con la dieta.
Publicó
también un texto sobre balneoterapia.
Avenzoar
(1092-1162) nació en Sevilla y mantuvo estrecha amistad
con Averroes. Recomendó el uso del agua fría
para disminuir la fiebre. Insistió sobre el valor curativo
de las dietas, previno contra el abuso de los medicamentos,
y recomendó comenzar siempre administrando las drogas
en pequeñas dosis y aumentarlas si se observaban buenos
efectos al cabo de tres días. Mantuvo la conveniencia
de espacios amplios y aire puro para mantener la salud y escribió
también sobre la dieta.
Abd
al-Habid, da normas de higiene o prevención y escribe
sobre la prohibición de ciertos medicamentos.
Averroes
(1126-1198) puso énfasis en los regímenes de
vida y en la dieta.
Maimónides
(1135-1204) nació en Córdoba. En el siglo XII
el centro de la cultura árabe se desplaza hacia “al-Andalus”.
Maimónides da reglas sobre la vida higiénica
y las dietas, y recomienda no usar medicamentos. Si éstos
fueran necesarios, debe utilizarse siempre el más débil
y preferir la medicación con simples a las fórmulas
complejas. Sostiene, según Laín Entralgo, que
el hombre es responsable de su salud y puede por ello influir
sobre la duración de la vida. Hay que reforzar las
fuerzas naturales por medio de los alimentos, así como
las fuerzas espirituales a través de los buenos olores.
“Sirven
también al incremento de la fuerza animal los instrumentos
musicales, el entretenimiento del enfermo con narraciones
alegres que contenten su espíritu, distiendan su pecho,
así como el relato de historias que le animen y le
alegren”. Como dice Sussman Muntner, reconoció
las influencias recíprocas entre el alma y el cuerpo
del enfermo.
Muchos
de sus consejos son aún útiles, tal como se
demuestra en un manual de «cómo curarse uno mismo»,
conocido como “La preservación de la juventud”
y que tuvo que realizar para un joven príncipe, miembro
de la familia del sultán. En este manual y otros similares
que realizó emergen tres grandes principios de la salud:
la dieta, el ejercicio físico, y la actitud mental.
Según
Edwarrd Hoffman, Maimónides recomendó la dieta
de cereales integrales como fundamento de una nutrición
correcta. De forma muy explícita prohibió al
joven príncipe comer harina refinada y comentó
que «Después de la-molienda, se pueden hacer
visibles partes productoras de acidez... El pan debe de estar
hecho de grano entero sin pulir ni refinar».Opinaba
que ciertos alimentos no podían comerse juntos, y especificó
con detalle qué alimentos se podían mezclar
y cuáles había que comer separadamente. Escribió
que «el comer en exceso es como un veneno mortal para
cualquier tipo de constitución corporal, y es la principal
causa de todas las enfermedades»
«Las
emociones del alma afectan al cuerpo y producen grandes y
significantes cambios en el estado de salud». También
declaró: «Los médicos deben saber que
se han de valorar las emociones del alma, éstas deben
ser examinadas regularmente y mantenerse en buen equilibrio»
y expuso que las personas que se comportan de manera poco
ética acaban sufriendo padecimientos «interiores».
Maimónides recomendaba que debíamos de seguir
siempre «el camino del medio» con respecto al
mundo emocional. Es decir debemos evitar los extremos.
Laín
Entralgo cita a Al-Gazzali, para quien un médico deberá
pensar si el enfermo quiere la curación para vivir
una vida espiritual, si la curación va a servir simplemente
para un mayor bienestar o si sólo quiere recuperar
las fuerzas para poder seguir pecando.
Al-Haris-bn-Kalada opina que el hombre es como un campo arable,
que es bueno si se le cuida y se estropea si le faltan los
cuidados necesarios.
LA
ESCUELA DE SALERNO
La
medicina medieval comenzó a tener carácter laico
y una formación clínica más científica
con la creación de la escuela de Salerno. En ella se
sigue estudiando a Hipócrates, Galeno, Aristóteles,
y los árabes Rhazes, Avicena, Abulcasis y otros. También
el Isagoge de Johannitius.
La
fama de la escuela de Salerno se debe en gran medida al Régimen
Sanitatis Salernitanum, poema didáctico dedicado fundamentalmente
a la dieta . El Régimen de Santidad de Salerno es una
serie de prudentes consejos sobre higiene, dietas y modo de
vida, fruto de experiencias de los maestros salernitanos,
de gran influencia entre los médicos por muchos siglos.
Sus primeros versos son famosos y dicen: <<Si te faltan
médicos, sean tus médicos estas tres cosas:
mente alegre, descanso, dieta moderada>>. “mens
laeta, requies, moderata dieta”
Al
comienzo de todas las reglas de salud, el Régimen Sanitatis
previene ante la preocupación y la ira. Se recomienda
igualmente moderación en la comida, en la bebida, evitación
de la siesta y una evacuación ordenada. El premio es
una larga vida.
Una
de las máximas figuras de la Escuela es Pedro de Musanda
o Musandino, gran docente y autor de una Summula, o tratado
de dietética para los enfermos.
La medicina del bajo medievo fue en realidad la medicina recogida
de los textos árabes, que a su vez lo fue de los textos
griegos, en moldes escolásticos que se expresan según
la forma dialéctica aristotélica. Por eso también
se adaptó mejor a ellos la exposición casual
galénica sistemática y ordenada que la presentación
hipocrática, tal como había sido recogida en
la clínica.
Guillermo de Salicileto, nacido hacia el año 1210,
recomienda que el médico ha de dar ánimos al
enfermo para que su voluntad de sanar se vea apoyada.
Pietro d´Abano (1257-1315) dio un gran valor en la cura
de las enfermedades, a las relaciones entre médico
y enfermo. Su interés y estudio de la astrología
le llevó a admitir la influencia de los astros en los
actos humanos y el curso de las enfermedades.